Todos tenemos necesidades, es lo normal. Se debe en parte por instinto y otro tanto por supervivencia. Las necesidades se presentan y la manera en la que las manejamos es lo que nos va formando en lo que somos. Están las necesidades fisiológicas, que son las más comunes y que no se pueden reprimir del todo.
Por otro lado, existen las necesidades que he de nombrar aquí como "inmateriales". Dichas necesidades son el pensar, el expresarse, el jugar, el convivir, el poder de elegir, el recrearse... el cantar.
Para los que me conocen ya estarán enterados de que padezco una horrible, pero horrible, malestar en la garganta, que si todo sigue como esta, cumplirá un año en marzo. He ido con, los que creo yo que son, muchos doctores, y sin embargo sigo igual. En fin el punto no es quejarme, si no contar la consecuencia de todo esto.
En mi visita con el otorrino #5, que parecía un poco más profesional que los anteriores, se me implementó una especie de tortura china que ha dejado secuelas en mí. Después de las rutinarias y memorizadas preguntas del padecimiento, el doctor #5 manda a una enfermera a preparar el medmrej-escopio (o eso entendí, ya que no le puse atención). Una vez preparado el aparato infernal, no movimos de cuarto donde quedé sentado con la cabeza inclinada hacia atrás. En ese momento, y como si fuera cosa de todos los días, el doc dice la tan celebre frase entre doctores "no te va doler, solo sentirás una pequeña molestia, pero no te muevas" (mentirosos todos!).
En ese momento, de quien sabe donde, apareció un cable de fibra óptica con un gracioso foquito en la punta (maldito foquito del mal). Sin saber como ni cuando, el cable fue introducido por mi fosa nasal derecha y no paró hasta penetrarme la nariz y llegar hasta mi garganta (así es, no solo la leche puede pasar por ahí). Más incomodo que doloroso y menos doloroso que un rechazo, el medmrej-escopio grabó mis cuerdas vocales para ser vistas por su dueño.
La conclusión del doctor #5 fue que no sabía cual era mi problema, pero que su colega, el doctor #6, tenía otros exámenes mas acertados. Después de los exámenes del doctor #6, se me dijo lo siguiente:
Padeces de una herpangina que puede llegar a ser muy molesta. Por el momento no uses mucho tu garganta y sigue en el tratamiento del reflujo. Te voy a recetar unas pastillas para las secuelas de que tienes, y un nebulizador con el cual aplicaras 3 mm de solución para poder ser respirado y que te refresque la garganta. Nos vemos en seis semanas...
En Otras Palabras:
Te duele la garganta. No cantes. No comas nada rico. Tomate pastillas y respira humo blanco de un aparato de 700 pesos como si fueras viejito con cáncer pulmonar. Nos vemos cuando tenga tiempo de investigar que tienes...
"Y vuelve la necesidad, de repasarme en donde estoy" (si puede cantar o no... No)
lunes, 12 de febrero de 2007
lunes, 5 de febrero de 2007
Tristeza en el Paraíso
Hubo una vez un hombre bueno. Nunca hizo nada que fuera en contra de los mandatos de Dios. Cumplió con lo establecido, honro a sus padres, se mantuvo casto y no se apegó a los bienes materiales.
Un día, el hombre bueno murió. Rapidametente, como era de esperarse, subió al cielo y se encontró con San Pedro, el cual, le otorgó un tour por el paraíso. "Como puedes ver" dijo San Pedro "puedes ir a todas partes y será lo mismo, ya que siempre tendrás esa sensación de estar realizado, esa sensación que nunca tuviste en la tierra", el hombre se quedó en silencio reflexionando, y San Pedro continuó "sólo te advierto una cosa, ¿ves esa puerta de ahí?"- el hombre asintió - " te recomiendo que nunca entres ahí, y no creas que lo digo como amenaza del fruto prohibido, solamente es que quien entra se expone a ver las consecuencias de sus actos en la tierra y puede quedar marcada para la eternidad"
Una vez que San Pedro se fue, el hombre se quedó pensando si debía o no, entrar en la puerta. Dudó mucho, ya que una advertencia de ese calibre no puede ser ignorada fácilmente, pero al final se dijo a si mismo que ya que siempre había sido bueno en la tierra, las consecuencias de sus actos, no podían ser malas.
Una vez que pasó por el umbral de la puerta, el hombre se encontró con un cuarto en donde se lograba ver toda su vida rutinaria con la diferencia de que, lo que veía, estaba pasando sin él. Para su sorpresa, solamente pudo observar desgracias y tragedias. En una parte del cuarto distinguió a todos sus amigos y familiares que batallaban con problemas de los cuales ni siquiera estaba enterado. La visión de sus seres queridos sufriendo lo dejó en un estado de desconsolación. En la otra parte del cuarto se encontró con rostros desconocidos, que al igual que a los que conocía, padecían de la ausencia de amor. Las imágenes atormentaban al hombre y lo ahogaban en un mar de tristezas. En ese momento entró San Pedro, y sorprendiéndolo, le dijo "Ya ves, te lo advertí", el hombre, con su cara llena de lagrimas le contestó enojado "¿De qué hablas?!!!, yo no cause nada de esto!". "Es verdad" respondió San Pedro "Y por eso estas en el cielo" y el hombre, una vez mas irritado, le replicó "entonces por que me enseñas todo esto!, yo no lo causé" y una vez mas, San Pedro le contestó sereno "No, es cierto, tu no lo causaste, pero es la consecuencia de no haber hecho nada al respecto"
Se dice que aquel hombre, que a pesar de estar en el cielo, quedó marcado por una tristeza tan grande que consideró su estancia en el paraíso como una tortura mortal, y no fue hasta que las consecuencias de sus actos desaparecieron que logró de nuevo disfrutar de la presencia de Dios.
Qué no sabrán del abandono las guitarras
Un día, el hombre bueno murió. Rapidametente, como era de esperarse, subió al cielo y se encontró con San Pedro, el cual, le otorgó un tour por el paraíso. "Como puedes ver" dijo San Pedro "puedes ir a todas partes y será lo mismo, ya que siempre tendrás esa sensación de estar realizado, esa sensación que nunca tuviste en la tierra", el hombre se quedó en silencio reflexionando, y San Pedro continuó "sólo te advierto una cosa, ¿ves esa puerta de ahí?"- el hombre asintió - " te recomiendo que nunca entres ahí, y no creas que lo digo como amenaza del fruto prohibido, solamente es que quien entra se expone a ver las consecuencias de sus actos en la tierra y puede quedar marcada para la eternidad"
Una vez que San Pedro se fue, el hombre se quedó pensando si debía o no, entrar en la puerta. Dudó mucho, ya que una advertencia de ese calibre no puede ser ignorada fácilmente, pero al final se dijo a si mismo que ya que siempre había sido bueno en la tierra, las consecuencias de sus actos, no podían ser malas.
Una vez que pasó por el umbral de la puerta, el hombre se encontró con un cuarto en donde se lograba ver toda su vida rutinaria con la diferencia de que, lo que veía, estaba pasando sin él. Para su sorpresa, solamente pudo observar desgracias y tragedias. En una parte del cuarto distinguió a todos sus amigos y familiares que batallaban con problemas de los cuales ni siquiera estaba enterado. La visión de sus seres queridos sufriendo lo dejó en un estado de desconsolación. En la otra parte del cuarto se encontró con rostros desconocidos, que al igual que a los que conocía, padecían de la ausencia de amor. Las imágenes atormentaban al hombre y lo ahogaban en un mar de tristezas. En ese momento entró San Pedro, y sorprendiéndolo, le dijo "Ya ves, te lo advertí", el hombre, con su cara llena de lagrimas le contestó enojado "¿De qué hablas?!!!, yo no cause nada de esto!". "Es verdad" respondió San Pedro "Y por eso estas en el cielo" y el hombre, una vez mas irritado, le replicó "entonces por que me enseñas todo esto!, yo no lo causé" y una vez mas, San Pedro le contestó sereno "No, es cierto, tu no lo causaste, pero es la consecuencia de no haber hecho nada al respecto"
Se dice que aquel hombre, que a pesar de estar en el cielo, quedó marcado por una tristeza tan grande que consideró su estancia en el paraíso como una tortura mortal, y no fue hasta que las consecuencias de sus actos desaparecieron que logró de nuevo disfrutar de la presencia de Dios.
Qué no sabrán del abandono las guitarras
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